Crítica del Showroom Ego Cibeles 2011

Día 1: ¿Lucha de egos? ¿Ruedo donde los egos salen a torear? ¿Rodeo salvaje a montar encima de El Ego? Allá voy y después de tomarme unas cuantas chocolatinas me encuentro en el centro del desierto en espiral donde habitan unos zapatos reclásicos y estilizantes, rememorando la separación de clases sociales y poseyendo a los que los calzan de sangre azul marinera. Una marca que a base de una apuesta fija ganadora no parará hasta hacerse un hueco en el mundo fashion… sólo me queda huir!

Día 2: He tenido pesadillas con los zapatos de ayer y me he puesto mis playeras más rollo tenista adrede. También me he vestido con la camiseta de Minnesota Timberwolves, mi equipo NBA favorito, y mis cariñosos pantalones Dockers. Al lío. Hay una pareja intrigante con la que me acerco a hablar; son las marcas Senyor Pablo y Modas Cabezón. La primera va a piñón fijo al mundo de la greca y el mestizaje de vaquero con mangas de lana sintética. Colores como el rosa, el negro, el blanco, el rojo y el azul hacen tramas estupendas muy de videojuego y onda pixel, entre lo nerd y lo gay retro de Marlon Brando. Bravo porque toca la fibra sensible, es hipnótico. Y a su lado está, como decía, la Modas Cabezón: es demasiada pose porque todo mola porque es vintage… qué pereza! ¿Dónde acaba lo vintage y empieza el palabrerío moderno? Hay que pasar página y descubrir lo macarra sin pasado de Ahida Agirre: es como mal hecho, de barrio y sin atender a nada en especial, ni una línea a seguir sino simplemente la del romper por romper, sin preguntas ni respuestas, disfrutando de ponerse cosas encima. Mola cantidubi!

Día 3: Hoy me he bebido cervezas, he visto el desfile de Agatha por una tele y necesito calma botánica que encuentro en River William, jóvenes diseñadores que apuestan por el beige como color contundente, donde la carne se funda con la rama y la rama de la botánica se lía con el veran’o’rama. La frescura que faltaba en Agatha se encuentra en la sosez atractiva de un tejido redibujado y reformado. Pero claro, luego está la otra cara de la sosez en la ropa de Victoria Monasterio, anacronismos y mejunges que pierden la credibilidad cuando en mi cabeza confluyen ropa de señora de 80 años y Jordi Lavanda. Pero la sencillez se encuentra con los flecos en la movida “movida” intergaláctica de Ángela Bang. Vestidos de noche que se funden en sí mismos para desmenuzarse con el movimiento de un cha-cha-cha o un tango. También a los mandos de una nave espacial, con tejido de algodón suave y recortado, junto a telas de estampados dorados-morados-negros imposibles de atrapar. Súperbien!

Día 4: He descansado genial y no hay nada más maravilloso y reanimante que ver los algodones estampados con las caricias gamberras de Riot Flesh. Sin un color predominante más que la dialéctica subversiva para con la mirada del otro, del espectador. La onda expansiva que aboga por una reinterpretación de la fotografía candente y la serigrafía seriota. La obra fluye por el río natural y llega en diagonal hacia unos percheros en las Antípodas de la citada marca de Rosa Parma. Me encuentro con El Gabinete de las Maravillas… ¿Pero qué es esto? ¿Dónde está la emoción? Ay no puedo seguir y me voy con una ropa más emocionante de nuevo como ocurre en la ropa de Manderlay. Un lugar común entre la pesca con Rock Hudson y los futuros con Rod Taylor, buscando algo para Randolph Scott pero encontrando para Vera Miles, algo muy cinematográfico que contiene esas chispas de fuego sioux acogedoras y sacrificadas. Morder la bala en cuanto te toca el patronaje propuesto por Manderlay. Y en zigzag voy a una prenda de José Zambrano, de rosa fucsia y con cremallera en dos tiempos, entre el traje de pingüino y la voltereta mortal de un chubasquero: una prenda que asfixia al resto del perchero.

Día 5: Suelo tener el cuello desabrochado, no me gusta la horca… pero he visto un stand de complementos especializado en pajaritas. Es Jarabowtie y pretende crear una secta de la pajarita con estampados divertidos y esperpentos encuentros entre un astronauta de colgante y una pajarita estrellada. Parece aire fresco pero sólo es aire acondicionado. Y siguiendo la línea de la importancia del cuello vamos a la sofisticación de Martin Waschbär, tan british como Bond y artilugio del compendio de ser una empresa seria y de lujo, esa aspiración que apestaba en la mayoría de puestos de El Ego, esa pretenciosidad… pero que en Martin Waschbär es de verdad con esas camisas impecables de aire oriental. Se pretende y se consigue, eso da gusto. Pero no sé, porque en un giro de 180º tenemos a Roberto Piqueras, en el otro lado del ring, y con su cami-gasas-3D que se molan a sí mismas propone una moda demasiado cerrada en sí misma con el aspecto de fresco sin serlo. Había mucho de eso en El Ego. Poca frescura y mucho tenedor. Como RuizGalán que con su estructura modélica de relaciones públicas extiende el academicismo hacia unas ropas demasiado deudoras del arte conceptual. Estampaciones abstractas entre lo digital y lo topográfico, en un campo caógeno en el que había una prenda que me encantaba: en tonos marrones, con unas hombreras anexas y recordándome lo buena que es la peli “Dune”.

Día 6: Me quedan algunos complementos para hablar. Empiezo por Rita Holanda que ni me va ni me viene, ni me vi ni me vino, Norma Duval. Una oportunidad está para reaccionar y en la simpleza del juego del collage encuentro a Caroll Maura y las capas que se añaden al cuerpo como sondas de lecturas que se derraman unas a otras. Al igual que los juegos objetuales y geométricos de Après Ski invocando a los alienígenas egipcios pero sin cabezas de perro ni de pájaro ni de gato sino llamándoles con ritmo pendular de triángulo sobre triángulo. Me causan admiración, sin ser nada del otro mundo, esos pequeños chistes entre las formas superficiales. Resplandecientes y finos, coquetos, algo para terminar el repaso.

Jorge Núñez de la Visitación (editor jefe de Fuerza Vital)

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Una respuesta a “Crítica del Showroom Ego Cibeles 2011

  1. Me encanta esta crítica, porque Jorge se expresa que da gusto y no se corta en opinar, espero que nadie se sienta ofendido, para gustos los colores. Aunque tengo que decir que a mi personalmente me encantan además de Manderlay, Ahida Agirre y Angela bang, Victoria Monasterio y Roberto Piqueras con sus estampados locos de barbies y kenes.

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